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NOTA: ¡Estreno en Navarra!
Poniendo en escena a Barbie y una necropsia de un conejo, Javier Liñera utiliza el teatro no solo como arte final, sino como herramienta para azuzar, recordar, revolver, dignificar… Logra escenas crueles, pero no desagradables. Duras, pero recomendables. Y maravillosamente escritas y planteadas dramatúrgicamente. La obra parte de la idea de la deconstrucción de la masculinidad. De una masculinidad particular, la del propio personaje, que se transforma universal.
En la pieza se plantean preguntas sobre la identidad, sobre qué es lo masculino y qué no, cómo se construye, qué es lo binario, cómo se leen nuestros cuerpos.
La pieza avanza en este análisis de construcción de la idea que tenemos desde pequeños de qué es ser masculino. Pero esta idea sufrirá una ruptura, se diluirá la jerarquía de los roles de género.